Sandra Ollo

From another point of view

Sandra Ollo

 

Sandra Ollo
Editora

Conocemos a Sandra durante la presentación de una de las novedades de Acantilado, la editorial que dirige y edita. Enseguida nos encandila su forma de hablar, así que convenimos en vernos para crear esta historia para nice things.

Unas semanas más tarde, nos abre las puertas de las oficinas de la editorial. En la entrada se presenta el archivo de las primeras ediciones de todos los títulos publicados hasta el momento; en los pasillos, bocetos de portadas de libros enmarcados, y pilas de manuscritos en su escritorio. Nos cuenta que anota la fecha de llegada en cada manuscrito, demostrando así su consideración por la espera del autor. Sandra es una mujer del norte, educada y atenta, que consigue muy fácilmente que nos sintamos como en casa.

 

NT — Por la pasión con la que hablas de tu trabajo, intuimos que ese amor por los libros te ha acompañado toda la vida. ¿Cómo fue tu primer contacto con el mundo editorial?

 

Sandra — El amor por los libros fue creciendo en mí en la adolescencia y se ha convertido en algo más que un amor. Los libros son una presencia constante en mi vida, son consuelo, son conocimiento, son disfrute, son compañía… Pero curiosamente no tuve una vocación clara hacia el mundo editorial, sino que la fui descubriendo. Tras acabar la carrera, comencé a trabajar en la universidad y fue allí donde tuve el primer contacto con lo más parecido al mundo editorial, porque, entre otras cosas, colaboré en el desarrollo de una colección de libros que se publicaba en una editorial universitaria. Allí comencé a vislumbrar el trabajo editorial, sus rudimentos, su sentido, y empecé a atisbar en qué consistía construir un catálogo.

 

NT — Con Acantilado habéis rescatado y traducido grandes obras de la literatura clásica. ¿Por qué crees que es importante reavivar la memoria de estos títulos? ¿Qué debemos aprender de ellos en el presente?

 

Sandra — Los libros llamados “clásicos” lo son no porque fueran escritos hace ya muchos años, sino porque, a pesar del tiempo y de los cambios que el mundo ha experimentado, tienen una vigencia plena en nuestros días. Un libro clásico es capaz de iluminar el presente y mostrarnos el camino, nos hace entender que no estamos solos, que ya muchos otros antes que nosotros recorrieron este mismo sendero, y podemos aprender de su viaje. Son unos grandes guías.

 

NT — Dedicas gran parte de tu vida a leer historias y pensamientos. ¿Qué debe tener un libro para cautivarte?

 

Sandra — Fundamentalmente, debe estar bien escrito —que parece una obviedad, pero no lo es— y, después, debe hacer resonar algo en mí; algo tiene que vibrar dentro. La literatura es un gran espacio de libertad, es una ficción absolutamente real, y valga la paradoja, de la que aprendemos porque representa la vida y todas las posibilidades de la condición humana. Para que un libro me guste, tengo que sentir que el autor comparte esta idea y que ha contribuido con su libro a construirla.

NT — Acantilado cuenta con un amplio catálogo de libros dedicados a la música y, además, nos has contado que tocas el piano. ¿Cómo se encuentran estos dos mundos en tu vida?

 

Sandra — ¡Se encuentran maravillosamente! La música y la literatura, y por supuesto todas las artes, son compatibles, y me atrevería a afirmar que hasta complementarias. Nos conectan con nuestra intimidad de una manera increíble, a la vez que nos acercan a otra intimidad, que es la del compositor. La música, además, tiene la capacidad, al menos en mi caso, de llegar muy adentro muy deprisa. Y cuando me siento a estudiar mis partituras y a practicar, aun sintiendo una enorme frustración por mi falta de pericia, para mí desaparece el mundo, y no hay nada más.

 

NT — ¿Cómo te imaginas el futuro de la editorial?

 

Sandra — El futuro de la editorial, no me lo imagino. Prefiero trabajar el día a día y pensar que lo que estoy construyendo tiene sentido. A veces fantaseo, eso sí, con un catálogo que durase a lo largo de las décadas, como muchas de las grandes editoriales europeas que admiro y que han perdurado, pero se irá viendo con el tiempo.

 

Ahora las clásicas:

 

NT — Un libro.

Sandra — Es difícil, pero El Gatopardo sigue siendo, para mí, la novela a la que querría volver una y otra vez. Hasta el punto que cuando alguien me dice que no la ha leído, pienso que es muy afortunado porque tiene la oportunidad de llegar a ella por primera vez.


NT — Una película.

Sandra — Esto ha variado más con el tiempo, la verdad, pero sigo siendo de cine clásico. Podría ver Charada o Atrapa a un ladrón una vez a la semana y no me cansaría.


NT — Un lugar.

Sandra — Cualquiera en el que estén mi marido y mi hija. No hay mejor lugar que ese.